Isabel Cristina Henao
Es quien lidera los proyectos que hacen parte del Atelier de Caligrafía.
Leamos su historia sobre cómo comenzó:
Exploré varias disciplinas relacionadas con el arte y había una constante que siempre tenía que ver con la caligrafía.
A los 16 años adquirí mi primera pluma en un viaje. Admiré esta práctica con el uso de tinta mojada, que se utilizaba en el área de la salud, donde los médicos, con su presentación elegante y glamorosa, hacían uso de ella para las prescripciones médicas.
Desde este momento me sentí fascinada y mis primeros pasos en este arte fueron por iniciativa propia. Acudí a mi profesora de primer grado quien, en 1999, me orientó. Todo lo hacíamos con rapidógrafo, ya que no contábamos con las herramientas específicas de caligrafía.
Continué en la búsqueda y encontré la Academia Monet, en Medellín. Por un año estuve allí explorando los primeros conocimientos caligráficos.
Con la intención de explorar otras técnicas, viajé a Argentina, donde encontré un mundo verdaderamente activo en este bello arte; además, pude observar la influencia de la cultura italiana a través del Fileteado Porteño, un trabajo donde las letras están acompañadas de ornamentos a base de hojas de acanto, que decoran las letras en forma tridimensional.
Tuve la oportunidad de estar con fileteadores de alto reconocimiento, como Jorge Muscia y Alfredo Genovese, quienes me hablaron de la historia y cómo el arte unió culturas, a través de la música y las letras.
Posteriormente, estuve en la Academia Roballos Naab (Argentina), cuyas metodologías de trabajo enseñanza fortalecieron las técnicas de trabajo, siempre apoyándose en la historia de la caligrafía. Aquí exploré diferentes alfabetos.
Las herramientas que se utilizan en caligrafía también son un mundo mágico. Para aprender sobre ello, hice un curso de caligrafía experimental con la dueña de las herramientas Luthis, Verónica Analia Devia; este proceso formativo me permitió reconocer la variedad de trazos que se logran con instrumentos especializados, así como convertir insumos de la naturaleza en una herramienta de escritura. Esta formación se complementó con Silvia Cordero Vega, con quien hice prácticas sobre tiralíneas.
Martín Macías fue otro calígrafo a quien conocí en una academia de formación sobre caligrafía China. Los entrenamientos fueron en Colombia y en Argentina.
En mi búsqueda llegué a los talleres de Marina Soria, una calígrafa de reconocimiento internacional. Fortalecí mis técnicas de caligrafía y abordé el tema del “Vacío útero de la forma”.
En Bélgica tuve la oportunidad de conocer Joha Muñetón, quien me entrenó en Caligrafía Moderna.
También me he apoyado en calígrafos nacionales quienes aportaron a mi crecimiento, por ejemplo, el arquitecto Gustavo Rendón, con quien trabajé el alfabeto itálico; Jorge Pulido con quien practiqué diferentes alfabetos.
Ahora, estoy aprendiendo con Vega Viñuela sobre Caligrafía itálica con pincel.
Mi interés por entrenarme es permanente porque es mi pasión, y la extiendo con mucho amor a mis estudiantes en cada uno de los talleres que se ofrecen en el Atelier de caligrafía.
